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Carta número última a mi amante no correspondido

Irónicamente, en el vacío es donde me siento más segura, en la indiferencia.
Quizás porque allí no peligro de ojos negros y caricias idealizadas.
No temo futuras visiones de ambos abrazados cuando, en realidad, existen miles de kilómetros inmateriales hasta llegar a ti.
Millas y millas hasta llegar a tu boca y morderla, así como lo he hecho noche tras noche en la cama aunque no tú no lo hayas presenciado, así como lo quiero hacer si no es que consigo controlar lo que me quema.
Aquello que me incendia es, al mismo tiempo, aquello que me apaga.
Es lo que me lleva a mirar a la nada siguiendo, así, el círculo vicioso.

Labios y Cerveza

Viernes noche, buena compañía con especial mención a la cerveza. Murmullos y gritos que suenan al compás del ritmo nocturno. Besos que saben a sal y abrazos que saben a limón. Culpa del tequila, por supuesto. Sin dudas, sin remordimientos, solo el traqueteo de sus manos sobre la barra mientras espera su turno. Yo también espero el mío, de hecho. Llevo mucho esperando, esperándole, queriendo morder, queriéndole morder. Y sin embargo sus labios tan sólo pronuncian palabras o susurros que acompañan la música de fondo, la cual decidí sería la nuestra. Y aunque tú no lo sepas, aunque tú todavía no lo sepas, tú eres la canción que me sigue sonando cuando apaga el ruido.